La mayoría de las asignaturas de una carrera universitaria aumentan el grado de exigencia al alumnado a medida que transcurre el cuatrimestre. De esta manera, Marzo representa un mes tranquilo, Abril exige los primeros esfuerzos, Mayo desemboca en una cuenta atrás por acabar el temario, y Junio significa el atracón de trabajo de cara a la preparación de la prueba final.
La programación docente de la asignatura "Configuración y Evaluación de Equipos Informáticos" está concebida para exigir al alumnado justo en el sentido opuesto: Marzo es un mes duro, Abril marca la cima del esfuerzo, Mayo suaviza las exigencias, y Junio prácticamente no existe (al menos para la mayoría de los alumnos, que consigue aprobar la asignatura por parciales, quedando exentos de realizar la prueba final de Junio).
Si estableciéramos una analogía entre el perfil de una carrera ciclista y nuestra asignatura, tendríamos una etapa con tres puertos equidistantes en el siguiente orden de ruta:
Una pieza clave para la consecución de estos objetivos es el proceso de evaluación continua que tenemos instalado en nuestra metodología docente, donde nuestros alumnos se examinan con periodicidad mensual a lo largo del período lectivo, y los que saben aprovechar estas facilidades, administran su esfuerzo en la intensidad indicada anteriormente.
Con todo esto se consigue una triple finalidad: